El Hara: sentir el contacto con la tierra

Escrito por Ismael Bermúdez

6 octubre, 2020

El hara: estar en contacto con la tierra
La vida es maravillosa, pero no la aprovechamos porque "nos incomoda y nos duele demasiado". Por eso, acabamos evadiéndonos y viviendo en nuestras ilusiones mentales. El problema es que de este modo nos desconectamos de la tierra y no podemos hacer ningún cambio, para que nuestra vida sea diferente...

Te compartimos una meditación sobre el Hara, el centro vital del ser humano a través del cual nos anclamos, nos enraizamos en la tierra y permitimos que nuestro espíritu se manifieste aquí y ahora.

Hemos venido a este mundo para tener una experiencia muy especial en este plano, lo que constituye una oportunidad única. Pero ocurre que a veces estas experiencias son incómodas e intentamos escapar mentalmente, desconectándonos de la tierra.

Sin embargo, para poder cumplir nuestra misión aquí tenemos que estar bien anclados en este mundo, manteniendo la energía en equilibrio entre tierra y cielo.  Y este equilibrio lo logramos gracias a la alineación de nuestros tres centros vitales.

Veamos un poco más sobre esto, antes de entrar en la meditación.

Los centros vitales: cabeza, corazón y ombligo

Centros Vitales del Ser Humano

Según distintas tradiciones filosóficas y espirituales, el ser humano tiene tres centros vitales que coinciden con la mente, el corazón y la zona del intestino.

Estos centros vitales se corresponden con nuestros cuerpos mental, emocional y físico y son los puntos de anclaje del alma a nuestro cuerpo. Es decir, el alma que anima y da vida a nuestro cuerpo aquí en la tierra “toma posesión” de su vehículo a través de estos centros.

Tres cuerpos que al mantenerse en equilibrio, nos permiten vivir una vida plena y tranquila. Sin embargo, en occidente hemos centrado toda nuestra existencia alrededor de uno solo de estos cuerpos y centros energéticos: la mente.

Además, le hemos dado toda la responsabilidad de hacerse cargo de nuestra existencia, sometiéndolo a una presión insoportable que nos llena de estrés y sufrimiento.

Lo curioso es que si realmente nos paráramos un momento y pensáramos en nuestro desarrollo, el vínculo con nuestra madre, por el que vivíamos y nos alimentábamos era el cordón umbilical, que coincide con el centro vital Hara, y después se desarrollaron los otros dos centros, el corazón y la mente.

Por si este argumento fuera insuficiente, la ciencia está descubriendo que tanto el corazón como el intestino también tienen neuronas, es decir también son inteligentes.

Además, nuestra mente está llena de creencias que nos limitan y que nos llevan a vivir la vida de esta manera tan dolorosa y sufrida.

En resumen: le hemos entregado toda la responsabilidad a un solo centro y hemos perdido el equilibrio al bloquear el resto de nuestros centros vitales.

El resultado es obvio: división, dualidad y un alto índice de locura.

Enraizarnos en la tierra

Es necesario que comprendas lo importante que es que ames la tierra y que la sientas como un lugar de gozo, el propio paraíso. Sin embargo, parece que vivimos lo contrario, fruto de habernos subido a la cabeza.

Tanto es así, que tenemos que “hacer un esfuerzo por estar en la realidad”.  Sí, cada día, al levantarnos, al abrir los ojos, en vez de alegrarnos porque empieza un nuevo día, tenemos que “luchar” contra el cansancio acumulado, contra un peso que nos cuesta quitarnos de encima.

La realidad se ha convertido en una cuesta arriba dura de superar. Y lo que debería ser una experiencia gozosa, se ha convertido en un complejo día a día en el que encontramos momentos pasajeros de alegría.

¿Y no debería ser al revés?

Más que un paraíso, la tierra se parece a un infierno… Esa idea de condenación ya no está más allá de la vida, como sostenían las religiones, la vivimos aquí. De hecho, despedimos a nuestros muertos con un “descanse en paz”.

Con este peso, esta sensación y este “castigo”, ¿cómo podemos amar nuestra vida aquí? ¿Cómo podemos agradecerla? Y, ¿cómo podríamos crear o manifestar algo diferente?

El infierno es una creencia, una idea mental

El infierno ha sido creado por el ser humano de manera inconsciente, por esa lucha entre lo que está bien y lo que está mal; entre cielo y tierra; entre querer estar aquí y a la vez, evadirnos porque lo que vivimos no nos gusta; una lucha entre las ganas de querer descansar de una vez por todas y a la vez, un miedo terrible a la muerte…

Son muchos siglos y millones de personas experimentando la sensación de condena en vida y además, heredándola a las siguiente generaciones: “la vida hay que ganársela”, “nadie te regala nada”, “tienes que luchar para ser alguien en la vida”…

Todas esas creencias están muy arraigadas en nosotros. Y ya sabemos que toda creencia se convierte en nuestra verdad y como tal, la corroboramos a través de las experiencias diarias.

Bajar de la cabeza a nuestro centro vital

Has venido a ser feliz ese es tu único plan, tu única misión, pero para lograrlo es necesario que dejemos de idolatrar nuestra mente, desbloqueemos los otros dos centros vitales y los alineemos.

Nuestra alma, eterna e inmortal, aunque dividida e individualizada en cada uno de nosotros, comienza una experiencia de descubrimiento y “juego” aquí en la tierra con el objetivo de darse cuenta que es parte del Todo, que es un aspecto del Todo y que esta experiencia terrestre dura solo un tiempo.

Cada uno de los centros vitales tiene una función muy específica y es la unificación de los tres centros, a través de la línea del Hara que nos permite disfrutar una vida gozosa y plena.

Hara: el centro vital
  • El centro de nuestra cabeza con la inteligencia, la creatividad y la imaginación nos lleva hacia lo alto, hacia el cielo. Es el centro de la inspiración y de la trascendencia, del ir más allá y ver lo que no se ve a simple vista. Por eso, a través de la mente siempre estamos volando. Un vuelo que, si no tiene raíces, nos lleva a perdernos y evadirnos de la realidad, porque la distancia entre lo que sueño y la realidad es insoportable.
  • El centro de nuestro ombligo (intestinos), también conocido como Hara, es el anclaje a la madre tierra. Es el que nos permite sentirnos parte de este hermoso mundo y nos sostiene. A través de este centro vital manifestamos físicamente todas nuestras creaciones mentales. Es el centro que se relaciona con el poder y la fuerza, con la voluntad (querer).
  • El centro intermedio, el del corazón, es la morada del alma. Es el latido de vida que a través de nuestras emociones llena de energía a todo nuestro cuerpo. Es la comunión entre cielo y tierra. La comunión entre nuestra mente creadora y nuestro cuerpo que materializa en la tierra.

“Hoy ustedes también están sembrando profundamente sus raíces en la llama del corazón, de donde viene el alimento, el propio latir de vida del cuerpo, de donde sale la curación de la carne de donde viene la providencia de vuestras mesas y hasta el techo que cubre vuestras cabezas. Así como vuestras raíces están ancladas en dios buscando el alimento espiritual.” (Meditaciones diarias, Día viernes. Tomas Prin.)

Al igual que no podríamos habernos desarrollado de pequeños, antes de nacer, si nos hubieran cortado el cordón umbilical, ahora ocurre lo mismo. Vivimos completamente separados de la madre tierra y no tenemos la energía, la fuerza y el poder para manifestar la vida que nos permita disfrutar aquí y ahora.

¿Podría un árbol dar sus frutos y sus flores en las ramas sin la savia que le llega de las raíces? ¿Es más, podría crecer y mantenerse en pie? ¿Y podrían las raíces transformar los nutrientes de la tierra sin la luz del sol, el CO2 y el oxígeno que captan las ramas?

Acepta a la madre tierra, ella te ama y te acoge. No la condenes. Te ama como una madre ama a sus hijos desde el vientre materno. Agradece, bendice, disfruta y comparte.

Meditación guiada para enraizarnos y activar el Hara

Te recomendamos que la acompañes del video. Son poco más de cuatro minutos y es una muy buena manera de iniciar tu día.

Desde hoy en adelante practica todos los días esta pequeña meditación-visualización.

Imagina raíces saliendo de la planta de los pies creciendo hacia abajo en la tierra muy profundas hasta el mismo centro de la tierra.

Siente cómo las raíces se hacen más gruesas, más fuertes, empezando por los pies hacia abajo, hasta llegar al mismo centro de la tierra. Siente cómo estás firmemente anclado en la tierra formando parte de ella.

Desde ahí, con tu total atención e intención, activa el Hara situado 2 ó 3 centímetros más abajo de tu ombligo. Intenciona activarlo. Ese es tu núcleo. Ese es el Yo Soy aquí.

Junto con la total intencionalidad, actívate en el mundo. Estarás anclado. Estarás fuerte. Irás adquiriendo seguridad y firmeza en todo lo que realices.

Desde ahí nada te mueve. El yo soy se manifiesta aquí y ahora.

Canciones que acopañan el video de este texto. Agradezco a sus autores que las compartan y permitan utilizarlas.

Contenido y Voz de Carmen Cebriá

Lullaby de Cooper Canell está sujeta a una licencia de Creative Commons Attribution

Mesmerize de Kevin MacLeod está sujeta a una licencia de Creative Commons Attribution

Video de Árboles de fasilkkme en Pixabay

Video de Girasoles de Mixail-Mixail en Pixabay

Video de Flores de dae jeung en Pixabai

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Marta de Esteve

Marta de Esteve

Conocí a Carmen Cebriá y con ella al método de Conciencia Yo Soy hace unos 10 años.

En mi camino como profesional de la medicina natural siempre he tenido claro que el principio de cualquier enfermedad o dolencia está en la emoción.

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