[COVID-19] Un (anti)virus de amor

Escrito por Ismael Bermúdez

27 marzo, 2020

[COVID-19] Un (anti)virus de amor

¿Estás dispuesto o dispuesta a ver lo que este virus ha venido a mostrarnos? ¿Estás dispuesto o dispuesta a dejar de ser juicioso o juiciosa por un rato, a cuestionar tu sistema de creencias?

“Que el sufrimiento y las muertes de nuestros seres queridos no sean en vano…”

 

Conozco el sufrimiento y el dolor de tantas personas que están perdiendo a sus seres queridos en situaciones dramáticas de soledad. Y reconozco y valoro la entrega de las personas que están en primera línea.

Es precisamente por ellos por los que estoy convencido que es más necesario que nunca aprender de esta situación, pues de lo contrario estaremos condenados a repetirla, de esta misma forma o de otra.

 

¿Pero qué es aprender? 

 

Aprender es desaprender. De lo contrario el aprendizaje no es verdadero pues solo sirve para corroborar nuestro sistema de creencias. Es decir, aquello que ya sabíamos y que nos ha llevado a la situación de la que queremos salir.

El ser humano ha demostrado una gran capacidad de adaptación, pero no sé si de aprendizaje…

¿Por qué repetimos tantas veces las mismas historias? ¿No será que ese aprendizaje en realidad no ha sido real y lo único que hemos hecho ha sido reforzar nuestras creencias y paradigmas? ¿No será qué tal vez nos estamos engañando a nosotros mismos? 

No hay aprendizaje que no conlleve desaprendizaje, nuevas creencias que sustituyan a las antiguas. Pero nuestro cerebro, nuestra mente, según los neurocientíficos, está diseñada para rechazar cualquier argumento que vaya en contra de nuestras creencias. Lo llaman el sesgo de confirmación.

Y ¿eso qué quiere decir? Que preferimos lo malo conocido antes que lo bueno por conocer…, que nada cambia hasta que la situación que vivimos se hace insoportable. ¿Podríamos calificar así la que estamos viviendo hoy?

Quiero proponerte un experimento. Quiero proponerte que por un rato nos salgamos de nuestra mente y entremos en nuestra conciencia para que observemos lo que está ocurriendo desde ahí.

Decía Krishnamurti que la capacidad de observar sin enjuiciar, sin etiquetar, es la forma de inteligencia más elevada. Y, por qué, te preguntarás. Porque nos permite ver la realidad como es y no como cada uno creemos que es. Y solo viendo la realidad como es, podemos aprender algo de ella.

Cambiar nuestra forma de pensar es lo mismo que desaprender lo aprendido y salir de nuestra mente condicionada. Cambiar nuestra forma de pensar es cambiar nuestra vida.

APRENDER = DESAPRENDER = CAMBIAR

¿Estás dispuesto o dispuesta a ver lo que este virus ha venido a mostrarnos? ¿Estás dispuesto o dispuesta a dejar de ser juicioso o juiciosa por un rato, a cuestionar tu sistema de creencias?

Para que podamos hacerlo, te propongo que simplemente miremos, sin pensar, sin enjuiciar, sin etiquetar, pues de lo contrario, es probable que nos dediquemos a interpretar la realidad en vez de simplemente observarla…

¿Qué podemos observar?

Tengo demasiado tiempo…

Al igual que la mayoría, hoy sigo mirando la vida desde la ventana…

Empiezo a darme cuenta que son demasiadas horas… para la televisión, el móvil o internet; para cantar y aplaudir por la ventana; para dormir y hacer el amor; para jugar y hacer ejercicio; para estar con mi pareja y mis hijos…

Para desesperarme y querer volver cuanto antes a cómo era nuestra vida antes. 

Hay quienes se comparten el perro para salir a pasear.

Hay quien pasea a su perro invisible y también hasta quien se disfraza de perro.

Se ha convertido en una necesidad tan grande, que los refugios de perros se están quedando vacíos.

Y aun así, continúa habiendo más horas, porque el perro ya no quiere pasear más.  

¿Qué queda entonces? Nuestros pensamientos, nuestras emociones, el silencio, el vacío… quedamos solo nosotros y más horas.

Decimos que el tiempo vale dinero, vale oro. Ahora lo tenemos, lo que siempre pedíamos…, y no sabemos qué hacer con él.

Me siento «acompañadamente» solo

Si hay un concepto que describe nuestra época es el de la conexión. Esa híper-conexión, de hecho, es una de las principales causas de la rápida propagación del virus.

Vivimos un gran porcentaje de nuestra vida a través de una pantalla por la que nos asomamos al mundo e intruseamos en la vida de los demás. Mantenemos infinidad de conversaciones a través de los grupos de chat. Tantas que acabamos silenciando los grupos, cansados de las notificaciones.  

Sin embargo, nos lamentamos de que este virus nos obligue a aislarnos. Nos obligue a no tocarnos, a mirarnos y hablarnos de lejos… ¿No será al revés, que el virus simplemente nos está ayudando a que nos demos cuenta?

Qué dura se nos hace la vida sin poder dar un abrazo, sin poder compartir con nuestros seres queridos y conocidos.

¿Y cuántas veces ese abrazo a un amigo, a una compañera de trabajo o un familiar no disimulaba un sentimiento de desprecio, rabia, envidia, enfado o incluso odio? ¿cuántas veces hemos ido por la calle haciendo la vista gorda para no saludar o desviándonos para evitar un encuentro? 

Ahora que se acaban las distracciones, nos quedamos solos y no sabemos qué hacer con eso.

Tengo miedo de qué va a pasar, cómo vamos a salir de esta, cómo vamos a seguir después…

Vivimos una época de comodidades, desarrollo, vidas longevas y posibilidades antes inimaginables.

Nos sentimos en lo alto de la pirámide de la vida en la tierra y en la época de mayor desarrollo de la civilización humana. Nuestros conocimientos sobre todas las cosas nos tienen incluso a punto de alcanzar los límites de nuestra galaxia…

Sin embargo, un virus, apenas visible salvo con un microscopio, nos tiene en jaque hasta tal punto que, si dura un par de meses más, puede que nuestro sistema no tenga vuelta.

Vemos cómo se recupera la naturaleza, cómo retrocede la contaminación y cómo las aguas de Venecia se vuelven cristalinas y se llenan de peces. 

¿Será que este virus nos está sugiriendo una elección entre la naturaleza o nosotros? ¿Será una venganza de la tierra?

Y peor aún, ¿qué pasará cuando recuperemos “la normalidad” y veamos cómo aumenta de nuevo la contaminación y las aguas de Venecia se vuelven turbias y sucias?

Ahora decimos que lo primero es la salud y que todo lo demás pasa a segundo plano: Trabajo, cultura, educación, deporte, política… Resumiendo, economía, pues todo lo medimos en relación con su impacto en los números que nos permiten sostener nuestro estilo de vida.

Decía un economista y eurodiputado que “nos encontramos ante una crisis cuya dimensión económica no tiene precedentes en los manuales de economía”, porque a nadie se le podía haber ocurrido que tuviéramos la economía “metida en el congelador” durante dos o tres meses…

Otro político en EE.UU. ha dicho que “los abuelos deberían sacrificarse y dejarse morir para salvar la economía y mantener el sueño americano.”

Y en un pueblo de España, un grupo de personas han apedreado a un convoy de ambulancias que trasladaba a su pueblo un grupo de ancianos contagiados…

Es decir, ¿cuánto vale nuestra salud? ¿Qué precio tendremos que pagar? ¿Y cuántos de nosotros lo pensamos, pero no nos atrevemos a decirlo en voz alta?

Nos estamos quedando solos con nuestro miedo y no sabemos qué hacer con eso.

APRENDER = DESAPRENDER = CAMBIAR

Es curioso que un virus que está provocando tantos estragos, a la vez nos esté dando la oportunidad de hacer aquello que nos puede salvar: detenernos, observar, salir del inconsciente, dejar de culparnos y aprender.

Tengo demasiado tiempo

Detenernos de forma consciente y observar desde esa consciencia, nos permite reflexionar y ver cuáles son las creencias que nos han llevado a esta situación. Entender que son inconscientes y por tanto sin intención.

Si no hay intención, no hay culpa. Hay responsabilidad, pero no culpa. Y liberarnos de la culpa, nos permite desprendernos del pasado y de los condicionamientos culturales e ideológicos tanto colectivos como individuales.

Cuando eliminamos la culpa y la cambiamos por responsabilidad, podemos mirar atrás y aprender, porque esa culpa, esa deuda histórica que arrastramos como una mochila insostenible, nos lleva a querer ocultarla, taparla. Y todo lo que nos ocultamos se convierte en nuestro inconsciente y acabamos repitiéndolo una y otra vez.  

Por eso Einstein decía que locura es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados distintos. Y por eso buscaba siempre hacerse nuevas preguntas que le impulsaran a encontrar nuevas respuestas y con ellas, nuevas posibilidades que verificar.

La ciencia, como la vida, evolucionan cuando se abre la conciencia y salimos de los condicionamientos de nuestra mente limitada. 

Me siento encerrado, me siento solo…

El cambio es individual, empieza por cada uno, aceptándonos y conociéndonos, y solo después podemos continuar en grupo.

El problema es que los seres humanos tenemos demasiada facilidad para distraernos y dispersarnos, siempre ocupados y siempre enfocados en lo que está sucediendo a nuestro alrededor.

¿Cuánto tiempo dedicamos a estar con nosotros mismos, a conversar con nosotros mismos, a meditar o a orar en soledad? Y, ¿cómo pretendemos reflexionar y abrir nuestra conciencia para salir de nuestra mente inconsciente?

Sabemos que la famosa caída de la manzana de Newton que le llevó a descubrir la Ley de la Gravedad e inició la física moderna ocurrió durante los dos años que estuvo confinado en cuarentena en su casa familiar a raíz de la peste que asoló Europa en su época.

De nosotros depende aprovechar esta oportunidad o que se convierta en un tiempo de terror y angustia.

Tengo miedo

El miedo y el sufrimiento surgen por el rechazo de lo que está ocurriendo, cuando enjuiciamos lo que ocurre como malo y nos empeñamos ilusoriamente en no querer que sea así, a pesar de que no sirve de nada.

Porque si tengo miedo o si no lo tengo, la situación es la misma. Sin embargo, si tengo miedo, no podré tener la tranquilidad para observar y reflexionar. Si tengo miedo, no podré aprender y construir algo nuevo. Y si no soy capaz de construir algo nuevo, acabo alimentando lo viejo.

De hecho, es el mismo miedo el que nos tiene aquí hoy. Es el miedo el que lleva a ese político a decir que los ancianos se sacrifiquen. Es el miedo el que provoca que un economista se angustie y no vea salida porque ningún manual ni libro de economía podía prever algo así.

Es el miedo el que nos arrastra a actuar en contra de nuestros principios y después nos castigamos porque nos sentimos culpables.

Estamos en crisis. Sin duda. Pero crisis, según su prefijo cri, que viene del sánscrito, tiene que ver con la posibilidad de un nuevo nacimiento

Solo si reconocemos nuestro miedo y no lo negamos.

Solo si reconocemos que es una idea en nuestra cabeza que surge ante lo desconocido, y que no tiene porqué convertirse en profecía autocumplida.

Solo si aceptamos nuestra responsabilidad individual en la situación que estamos viviendo hoy, pero no nuestra culpa, pues éramos inconscientes.

Solo entonces podremos sentarnos en silencio con nosotros mismos, reflexionar, tomar conciencia y tomar decisiones determinantes.

Pandemia de miedo: golpe de realidad en plena cara

Esta no es solo una emergencia sanitaria… es también una emergencia psicológica y anímica. Es una pandemia de miedo, de incertidumbre, de angustia.

Es una pandemia que vino a sacudirnos, a golpearnos para que despertemos, para que, de una vez por todas, nos miremos al espejo y nos veamos a nosotros mismos.

El miedo no se vence con lucha. El miedo se deshace con confianza, con fe y determinación.

El miedo no es nuestro enemigo cuando, en silencio, en conversación íntima con nosotros mismos lo miramos a la cara y le decimos, aquí estoy, no me evado más para no verte, háblame, qué quieres decirme, qué quieres enseñarme, qué parte mía y de todos nos estás mostrando.

Si hacemos eso…, estaremos aceptando esta crisis como lo que es, una oportunidad para nacer de nuevo.

Si hacemos eso…, estaremos bendiciendo este encierro como lo que es, una oportunidad para mirarnos, aceptarnos, perdonarnos y transformarnos

Si hacemos eso…, estaremos creando “un antivirus de amor” para neutralizar un virus que surgió del miedo

Nada sobra, nada debe dejar de hacerse en todos los ámbitos (económico, sanitario, político, social, educativo, cultural, deportivo…), pero si no aprendemos, ¿cuánto tardaremos en vivir otra circunstancia que nos golpeé y nos ponga contra las cuerdas? ¿Cuántas crisis humanitarias necesitaremos vivir?

Es tiempo de reflexionar. Es tiempo de confiar. Es tiempo de cambiar, para que el sufrimiento y las muertes de nuestros seres queridos no sea en vano.

Canciones que acopañan el podcast de este texto. Agradezco a sus autores que las compartan y permitan utilizarlas.

Mesmerize de Kevin MacLeod está sujeta a una licencia de Creative Commons Attribution

NirvanaVEVO de Chris Zabriskie está sujeta a una licencia de Creative Commons Attribution

Life in Romance de Twin Musicom está sujeta a una licencia de Creative Commons Attribution

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